Esa plática ya empezó. Falta que sea contigo.
Ninguna de estas pláticas se cancela por no darla. Se subcontrata.
El día que tu hijo quiera saber de sexo, de alcohol o de drogas, va a preguntar. Si contigo la respuesta ha sido «estás muy chico» o «luego lo hablamos», va a preguntarle a la única fuente que sí le contesta rápido y sin cara de susto: su mejor amigo, que tiene su misma edad y sabe lo mismo que él.
Ahí es donde se forma la versión que se va a quedar. No la tuya. La del amigo, mezclada con lo que le llegó por el celular.
Veinticinco pesos. Menos que un refresco, adentro de la escuela, y sin que nadie tenga que salir a buscarlo.
Por eso la pregunta ya no es si va a llegar el tema. La pregunta es quién se lo va a explicar primero.
Marca las señales. Yo te digo cuál plática está vencida.
Son doce cosas que un papá alcanza a ver sin espiar a nadie. Ninguna acusa a tu hijo de nada; cada una nada más indica qué tema ya lo está rodeando. Con eso te devuelvo cuál de las cuatro pláticas te toca primero, la frase con la que se abre, dónde tenerla y las dos cosas que la echan a perder.
Esto de aquí abajo no se comparte. Es el plan de tu casa.
La insignia es lo que se presume. El tema, la edad y las señales que marcaste se quedan aquí y en tu PDF. Nadie tiene que enterarse de qué hablas con tus hijos para saber que sí hablas con ellos.
Pon tus datos y te armo la imagen firmada, lista para subir, más el guion completo en PDF. En el mismo movimiento te llega el recordatorio el día que dijiste y la siguiente guía cuando salga.